La tuna es una institución universitaria de
carácter cultural que mantiene vivas las costumbres heredadas de los estudiantes
españoles del siglo XIII. Se puede decir que la tuna, más que una institución, es una
tradición en sí misma, por lo que, para poder
comprenderla a fondo, es necesario ahondar un poco en su
historia y costumbres.
Mantenida por los jóvenes estudiantes
que año tras año ingresan en sus filas, es un punto de encuentro para todos aquellos
universitarios amantes del romanticismo, la noche, la música y los viajes.
En sus orígenes aglutinaba a aquellos estudiantes que por su condición
económica no podían costearse su estancia en la
universidad, y trovaban por las fondas y mesones para
conseguir algo de dinero y un plato de sopa con los que mantenerse. Por esta razón se les
conocía como sopistas.
Hoy en día, y dada la evolución de la
sociedad, ha perdido su función como medio de vida de los estudiantes que la integran
(aunque todavía hay tunos que se costean los estudios con
lo que obtienen de ella) y agrupa a estudiantes universitarios (escasos de dinero por
definición) que, aficionados a la música y a las
tradiciones, gustan de conocer mundo, mujeres y nuevas sensaciones sin disponer de gran
poder adquisitivo. Por lo demás, la tuna sigue manteniendo vivas todas y cada una de las
tradiciones que heredó de siglos anteriores y viste con trajes de época, interpreta canciones populares
con los mismos instrumentos, ronda a las mujeres (a las que sigue enamorando con sus
trovas), viaja (invitada o contratada en gran número de ocasiones por gente de todos los
rincones del mundo que quiere disfrutar de su música y simpatía) y reparte su alegría por calles y restaurantes a cambio de
algún durillo que ayude a sus integrantes a completar
la escasa paga del estudiante.