Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses, tenía en su época de
mayor florecimiento una extensión de más de veinte kilómetros cuadrados y una
población de alrededor de 100 mil habitantes. El desarrollo de la cultura teotihuacana abarca un largo período de nueve siglos, desde su inicio hacia el año 200 antes de Cristo, hasta su decadencia,
ocurrida entre los años 700 y 750 de nuestra era.1
La cultura de Teotihuacán es la que más influencia ejerció
sobre las culturas de la época. En realidad no se sabe si Teotihuacán es el nombre
correcto de este lugar, ya que este nombre es nahuatl y se sabe que en el lugar
se hablaba el otomí. Su escritura es pictográfica. Teotihuacán está ubicado en un lugar idóneo
para el contacto con los pueblos de la costa del Golfo, con los que se realizaba un
comercio muy completo. El valle en donde se localiza está bañado por varios ríos con
los que su población sustentaba la agricultura. Su
producto más importante para comerciar, era la obisdiana,
ya que había grandes yacimientos en Otumba y el
Cerro de Navajas. La ciudad existió entre los años 200 a.C. y 750 d.C., pero fue entre
los años 350 y 400 d.C. que la ciudad estuvo en pleno auge.
Su gobierno era teocrático. Su economía estaba
basada en el comercio, y tenía una sociedad estratificada que se distribuía en barrios alrededor del centro ceremonial.
1. Rubén Cabrera Castro y George Cowgill. «El
Templo de Quetzalcoatl», en Arqueología Mexicana, abril-mayo 1993, p.21
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